El 14 de abril de 1931, proclamación de la II República
Que en la época que nos encontramos, la
institución monárquica sea vigente, es sin
duda una situación anacrónica, como si no
quisieran enterarse que, el feudalismo,
afortunadamente es algo que hace tiempo
que quedó superado.
Es indudable que, tras la muerte del
innombrable, se debió de reinstaurar la
República, proclamando la III República,
pero en vez de cumplir con la legitimidad,
se fraguo una transición bajo el chantaje
de los enemigos de la libertad del pueblo.
Por supuesto, es ilegitimo el actual régimen, puesto que mientras al pueblo, no se
le de la oportunidad, de poder expresar su voluntad, de forma democrática,
mediante la votación, por la cual se constatase si se quiere reinstaurar la
República, la cual, fue derrocada ilegítimamente por la fuerza, o bien, seguir
perpetuando, la situación anacrónica que es la monarquía.
La persona, en quien recae la anacrónica institución monárquica, debería de
tener la honorabilidad de ser el primero, en promover que se le permitiera al
pueblo decidir democráticamente, sobre que tipo de régimen a de regir en la
actualidad.
En el tiempo que se mantuvo el legítimo régimen de la República, la CEDA,
estuvo sistemáticamente avivando la confrontación, cosa que ahora en la
actualidad, hacen los dirigentes de esa formación que aspira a gobernar algún
día. Espero, que si algún día, esa formación está en posición de gobernar, que al
menos, no esté en manos de los actuales dirigentes de esa formación política.
La Segunda Republica (1931-1939)
Antecedentes y proclamación:
En los más de cincuenta años de monarquía que siguen a la I Republica
(1873-74), se suceden dos borbones Alfonso XII y Alfonso XIII. Este régimen se
caracteriza por representar un freno al progreso y por su alto grado de corrupción,
explotación y represión.
E incluso, Alfonso XIII cohabita con la represora dictadura del General Miguel
Primo de Rivera, quien engendró al conocido falangista José Antonio Primo de
Rivera.
En esta situación la oposición republicana constituida por fuerzas políticas,
sindicales y sociales de talante progresista, va poco a poco organizándose a lo
largo de los años, mientras el régimen monárquico entra progresivamente en una
fase de decadencia fruto de las razones antes citadas.
Así llegamos al año 1931, en que el régimen monárquico se encuentra inmerso en
una profunda crisis. El rey nombra un nuevo gobierno e intentando demostrar
buena voluntad al pueblo, convoca elecciones municipales. Desde su alejamiento
de la realidad del pueblo español, el monarca y su gobierno ignoran la antipatía
que este pueblo les profesa y creen que las elecciones se saldarán con un
respaldo mayoritario para la monarquía.
Nada más lejos de la realidad. Los Socialistas, republicanos y demás fuerzas
anti-monárquicas se lanzan a una intensa campaña electoral a favor de un estado
republicano.
El resultado de las elecciones es una ínfima mayoría para los monárquicos, pero
en si supone una derrota para estos, puesto que pierden en 41 de las 50 capitales
de provincia y eso aun a pesar de la corrupción reinante.
El pueblo masivamente se echa a la calle para vitorear la II Republica y pedir el
fin de la monarquía.
Alfonso XIII por fin entiende la situación y abandona el país, forzado por el
rechazo popular para no regresar más.
Es el 14 de abril de 1931. Alcalá Zamora, Azaña y Largo Caballero entre otros,
proclaman desde el Ministerio de Gobernación la II Republica.
Inmediatamente se desata el delirio entre los ciudadanos. La meta tan largamente
esperada se ha conseguido por fin. Un periodo de esperanza en la historia de
España se abre tras años de oscuridad y los ciudadanos son conscientes del
momento histórico que están viviendo y lo encaran con renovado optimismo.
Proclamación de la II Republica en Madrid. 14 de Abril de 1931
La segunda Republica pasa por tres fases claramente diferenciadas:
El bienio progresista (1931-1933)
El bienio derechista (1933-1935)
El frente popular (1936-1939)
El bienio progresista:
Este periodo está caracterizado por el esfuerzo del gobierno por modernizar la
nación y sacarla de su atraso secular tanto en materia económica como social. En
este periodo se elabora y aprueba la constitución, convirtiéndose en una de las
más avanzadas de la época. La nueva constitución supone el primer
enfrentamiento grave con la iglesia, que no la acepta.
Se aborda la reforma del ejército, con el fin de mejorar su grado de eficiencia. Se
aborda la reforma agraria. Se concede el estatuto de autonomía a Catalunya y
más tarde a otras regiones. Se mejoran las condiciones laborales y los salarios. Se
crean numerosas escuelas y se fomenta la alfabetización.
Todas estas reformas encuentran una importante oposición por parte de los
poderes oligárquicos del país. El ejercito, la iglesia, el gran capital y las fuerzas
conservadoras y monárquicas ven peligrar su tradicional estatus preponderante
y se oponen por todos los medios a su alcance a este progreso.
Así la Republica sufre en agosto de 1932 un frustrado intento de golpe de
estado, dirigido por el general Sanjurjo y respaldado por las fuerzas
antirrepublicanas y la iglesia.
La situación económica internacional está marcada por la crisis mundial de 1929
y esto viene a agravar los problemas económicos de la Republica. Esto lleva a
que unido a todo lo anterior las reformas se desarrollen de forma lenta, lo que
provoca rechazo por parte de los jornaleros, campesinos y obreros
decepcionados, por los progresos reales frente a las expectativas que el nuevo
régimen creó.
Se producen huelgas, manifestaciones y levantamientos obreros, que tienen su
máximo exponente en los sucesos de Casas Viejas, donde la Guardia Civil ejecuta
una masacre.
Este último suceso y el revuelo consiguiente provocan una profunda crisis
gubernamental, que tras la formación de dos gobiernos sucesivos desemboca en
la disolución de las cortes y la convocatoria de elecciones generales.
El bienio derechista:
Las elecciones generales de 1933 son ganadas por la derecha. Inmediatamente el
jefe de gobierno Lerroux del Partido Radical y apoyado por la derechista CEDA,
comienza a cambiar la legislación progresista del anterior periodo, perdiéndose
todo lo adelantado.
Asimismo, en esta línea de actuación ralentiza la transferencia de competencias a
la Generalitat catalana y frena el estatuto de autonomía vasco.
La CEDA empieza a reclamar del gobierno un aun mayor giro a la derecha y los
falangistas actúan violentamente contra las fuerzas de izquierda y progresistas,
lo que degenera en un periodo de lucha.
La CEDA finalmente entra en el gobierno, con lo cual se acelera la anulación de
las reformas progresistas.
La izquierda reacciona convocando la huelga general. En Asturias los obreros se
levantan, constituyéndose un fuerte movimiento revolucionario. En Catalunya se
proclama el "Estat Catala". Ambas iniciativas son sofocadas. En el caso de
Asturias la represión ejercida por el ejército contra los rebeldes desencadena una
matanza. Numerosos políticos de izquierda dan con sus huesos en la cárcel.
La CEDA asume aun más poder después de estos hechos y comienza a hacer
planes para derrocar la Republica. La falange hace tres cuartos de lo mismo e
incita al alzamiento armado contra la Republica.
Cabria señalar que la situación en Europa durante este periodo está dominada
por el imparable ascenso del fascismo en Italia y Alemania, y estos países son
los ejemplos a seguir de la derecha europea, en esos momentos.
Volviendo a España, el gobierno pretende finalmente hacer una reforma de nada
menos que 42 artículos de la constitución, que suponen una vuelta atrás radical.
También lleva a votación una ley de contra-reforma agraria. Seguidamente
estallan una serie de escándalos que salpican el gobierno Lerroux. Todo esto
lleva a la dimisión del gobierno y a la convocatoria de elecciones para el 16 de
febrero de 1936, tras un fallido intento de crear un nuevo gobierno estable sin la
CEDA.
Las izquierdas se unen en una amplia alianzallamada "Frente Popular", que
aunque circunstancial supone la única defensa que le queda a la Republica frente
al fascismo y los conservadores monárquicos.
El Frente Popular gana las elecciones y obtiene 257 diputados. Azaña forma
gobierno, sin los socialistas y comunistas que aunque le apoyan no desean
entrar en el gobierno.
El gobierno promulga inmediatamente la amnistía y los miles revolucionarios de
octubre recobran su libertad. El parlamento catalán vuelve a reunirse. Se suceden
las manifestaciones de apoyo al Frente Popular.
La derecha encaja muy mal la derrota y comienza una oleada de actos terroristas
con el fin de desestabilizar el país. El gobierno frentepopulista responde
ilegalizando la falange y encarcelando a su principal dirigente.
En los cuarteles el ruido de sables comienza a ser ensordecedor y los militares
más reaccionarios comienzan a preparar un golpe de estado. Además de los
generales esta vez también hay civiles implicados en la trama.
Por su parte los campesinos empiezan a ocupar fincas con el consentimiento del
gobierno, con miras a realizar la reforma agraria por su cuenta y a la mayor
brevedad posible. Los terratenientes reaccionan abandonando el país y sacando
todo el capital. En las grandes ciudades las muestras de apoyo del pueblo a la
Republica son multitudinarias, destacando el 1º de Mayo en Madrid.
La situación general se va radicalizando y los actos violentos de la falange son
contestados con la quema de iglesias.
El general Mola, cerebro del golpe de estado que se está preparando pone fecha
en principio para el 10 de Julio y distribuye el trabajo: Franco se encargará de
África, Goded de Valencia, Queipo del Llano tomará Andalucía y el propio Mola
se hará cargo de Navarra y Burgos. Finalmente se acuerda retrasar la fecha, por
desacuerdos con la falange y los tradicionalistas.
Mientras tanto y dentro del mismo plan de desestabilización el día 12 de Julio, se
produce un hecho determinante: el teniente de la guardia de asalto y públicamente
izquierdista, José castillo es asesinado supuestamente por falangistas. Sus
propios compañeros ejecutan al dirigente derechista José Calvo Sotelo, como
venganza.
Esto sirve de excusa a los golpistas para desencadenar el golpe de Estado,
inicialmente el 17 de Julio en Canarias y Marruecos y el día 18 en el resto del
país.
El gobierno reacciona tarde y mal, negándole inicialmente al pueblo las armas que
le reclama, perdiendo en algunos casos una oportunidad de oro de parar la
sublevación.
A partir de ese momento el país queda dividido en dos zonas, una bajo control
gubernamental, legitimado para la toma de decisiones, puesto que surgió de la
voluntad del pueblo, de forma democrática tras las elecciones celebradas el 16 de
febrero de 1936, y por otro lado, parte queda bajo control de los sublevados en
armas.
